Recuerdos


Solemos vivir en el pasado. Cada momento que recordamos lo idealizamos tanto que pueden convertirse en los mejores de nuestra vida.

Es muy probable que cuando los estábamos viviendo no pensáramos así, pero nuestra mente, muy puñetera ella, nos hace ver solo lo bueno. Esos matices que hacen de un simple recuerdo algo extraordinario.

¿Cómo llegan los recuerdos? Con un simple flash, alguna canción, el sabor de una comida o el olor. Para mi el olfato es uno de los sentidos que más me lleva al pasado.

Este fin de semana fuimos a pasear por la montaña, las hojas secas de los árboles me hicieron revivir los momentos que pasábamos en el colegio cuando salíamos al patio a jugar. Es increíble que después de tantos tantos años ese olor perdure en mi subconsciente y, al recordar, pueda volver a vivir esas tardes de juegos de mi infancia.

Recuerdo la colonia que llevaba cuando di mis primeros besos, el aroma de ese abrazo que te hace temblar, como se quedaba también en mi ropa y cuando volvía a olerlo el estomago me daba un vuelco como si estuviera pasando de nuevo.

Recuerdo el olor de la paella de mi abuelita los domingos cuando comíamos todos juntos.

Recuerdo el olor de mi hijo cuando nació y durante cada etapa de su vida. Su cuello, su pelo, su piel después de la ducha.

Puedo recordar el olor en los viajes, ese olor a «volver a empezar» en cada amanecer o el olor a jazmín en el verano.

Me gusta el olor de naranja y canela en navidad, el olor a leña y frío, a cordero en el horno y a pan calentito.

Me gustaría saber que olor tendrá nuestro futuro. Espero que sea un aroma cargado de esperanza, nuevos proyectos y muchos planes que aún tiene que llegar.

Los momentos de hoy serán los recuerdos de mañana así que vamos a intentar vivirlos en lugar de idealizarlos. Si en el presente los disfrutamos, ¡imaginad que pasada será recordarlos!

+ No hay comentarios

Añade el tuyo